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MENANDRO
El
misántropo
El arbitraje
La trasquilada
Menandro en las generaciones posteriores
Menandro nació en Atenas
en el año 342 a.C. en una familia acomodada. Fue discípulo de
Teofrasto, amigo de Epicuro y frecuente visitador del círculo de
Demetrio de Fareleo. Su tío Alexis, comediógrafo, debió
enseñarle las artes escénicas y, sin duda, influir sobre él.
Menandro publicó su primera obra en el 321 a.C., después de
muerto Alejandro Magno. Murió en 293 a.C.
El misántropo (Δύσκολος)
En una casa de File vive Cnemón, un viejo misántropo, con su
hija (sin nombre propio). A pocos metros y en otra casa, vive su
esposa con el hijo de su primer matrimonio, Gorgias, vive allí
porque no ha podido soportar vivir más con Cnemón. Sóstrato, un
rico labrador, se enamora de la hija de Cnemón y manda un
emisario para que formalice la relación entre los jóvenes, pero
Cnemón recibe a pedradas y a gritos al emisario y logra
espantarlo de la casa. Gorgias habla entonces con Sóstrato y
tras comprobar que las intenciones para con su hermanastra son
buenas, decide ayudar a Sóstrato diciéndole que se haga pasar
por un trabajador suyo. Sóstrato aguanta el trabajo de bracero,
al que no está acostumbrado hasta que un día Cnemón cae en un pozo y es
rescatado por su hija, Gorgias y Sóstrato y de esta forma
recapacita Cnemón que se cuestiona lo bueno de la soledad.
Decide entonces comenzar a tratar a Gorgias como hijo suyo y le manda que
busque esposo a su hermana. Gorgias lo hace inmediatamente,
Sóstrato, lógicamente, es el fin de su búsqueda. El matrimonio
se aprueba.
Cuando
Menandro escribe esta comedia, tiene apenas 26 años, y a lo
largo de su carrera podremos ver cómo las características que
aquí asoman, las va desarrollando. En un ambiente rural, destaca
la figura de un viejo misántropo, Cnemón, un viejo solitario que
repele las relaciones y que quiere vivir solo de por vida. En
este cuadro se desarrolla la trama amorosa cuyo objetivo no es
otro que hacer ver a Cnemón el error que conlleva la soledad y
el repeler de las relaciones afectivas. Finalmente Cnemón
comprende lo absurdo de su soledad, que es bueno vivir
manteniendo relaciones con los demás, y la comedia termina con
una fiesta de bodas a la que ha de acudir el viejo. Menandro
ataca el vicio de la insociabilidad, pero sin exagerar al viejo
Cnemón en su defecto ya que incluso despierta simpatía. Es una
comedia muy alegre y divertida con tintes rurales muy
interesantes.
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El arbitraje (Επιτρέποντες)
Un
esclavo, Davo, ha encontrado a un niño abandonado y se lo da a
Sirisco, un carbonero. Sin embargo, antes de ceder al niño, Davo
se ha quedado con las joyas que llevaba el retoño consigo y es
por esto por lo que Sirisco las reclama. Como no logran poner
fin a su discusión, deciden acudir al viejo Esmícrenes para que
arbitre. Esmícrenes decide que joyas y niño son inseparables y
que por tanto deben pasar a manos de Sirisco. La hija de
Esmícrenes, Pánfila, casada con Carisio y repudiada por él,
regresa a la ciudad y explica que tuvo un hijo pero que lo
abandonó puesto que fue concebido antes del matrimonio. Onésimo,
esclavo de Carisio - el ex-marido de Pánfila - reconoce las
joyas del niño: fueron las joyas que su amo Carisio entregó a
una joven a la que violó en una fiesta. Cuando se identifica a
la mujer violada, se sabe que fue la misma Pánfila, que no
conocía quién la había violado. Cuando se descubre que fue
violada por el que iba a ser su esposo y que era hijo de éste,
todo acaba felizmente.
Aunque
de esta comedia sólo nos han llegado fragmentos, lo cierto es
que en ella podemos ver claramente la gran comprensión de la
estructura que tenía Menandro. Es una comedia de trama
complicada y con un final que casi parece casualidad que sea
feliz, de todas formas, consigue muy bien la caracterización de
los personajes en su temperamento y estado de ánimo.
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La trasquilada
De nuevo sólo podemos hablar de fragmentos en esta comedia. Su
tema es muy enredado, es el tema de los mellizos separados de
niños que se reconocen cuando ya son mayores.
Menandro en las generaciones
posteriores
Como
nota general podemos decir que Menandro es un gran autor moral
puesto muchas veces introduce sentencias morales en sus comedias.
Pero además cuida mucho el lenguaje de estas sentencias. Algunas
son de gran viveza y de fuerza increíble, como la famosísima
"Hombre soy: nada humano puede serme ajeno" que nos llegó
transmitida por Terencio.
La
gran parte de sus obras se han perdido, pero estas frases de
fuerza filosófica y poética a la vez, han sido aprovechadas,
afortunadamente, por las generaciones posteriores, como es el
caso de la ya citada sentencia transmitida por Terencio.
Los
romanos gozaron mucho de Menandro, porque Menandro puso de
manifiesto las virtudes, las pasiones, los defectos del alma
humana. Así, no nos puede extrañar que el mismo Ovidio dijera
"Mientras exista un esclavo engañador, un padre severo, un
malvada celestina, una ramera seductora, Menandro vivirá".
Los
tópicos desarrollados por Menandro han pervivido en el teatro
posterior de muchas maneras, de hecho, en las obras de Menandro
ya se vislumbra lo que posteriormente sería el teatro de
costumbres, y en cuanto a sus personajes, no hace falta poner
ejemplos, pues los hay miles, de que el esclavo engañador, el
padre severo, etc. han sido personajes de miles y miles de obras
a lo largo de la historia, y casi siempre, siendo tópicos y
salvando particularidades, al estilo de Menandro. Su obra el
"Misántropo" ha sido continuamente versionada.
Así
que, Menandro, en definitiva, es el autor que con una "sonrisa",
tal vez triste, pone de manifiesto las debilidades y defectos de
nuestros humanos espíritus.
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