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Sófocles
Áyax - Antígona -
Las traquinias - Edipo Rey
- Edipo en Colono

Nació
en Colono en el año 497 a.C. Su vida fue la de una carrera celebrada por
constantes triunfos en el teatro, a los 28 años de edad venció a Esquilo
en un concurso y se dice que esto afectó tanto al trágico Esquilo que se
retiró a Gela donde poco después moriría.
Participó activamente en la vida social de la Atenas de Pericles, fue
joven atleta en su juventud y honrado anciano en la senectud, llegaría a
ser gobernante de Atenas y mando del ejército en Samos. Se casó y tuvo
hijos y mantuvo relaciones extramaritales de diversa índole. Murió en
406.
De
las ciento veinte o ciento treinta obras que debió escribir y representar Sófocles
en la Atenas de Pericles, sólo siete nos han llegado. Sin más reparo, veámoslas:
Áyax
(Ayante) (Άιας)
En Troya, en el bando griego, una vez muerto Aquileo (Aquiles), Ayante, gran
guerrero e hijo de Telamón, se cree valedor de la herencia de las armas de
Aquileo (Aquiles). Sin embargo las armas le son adjudicadas a Odiseo, y Ayente,
creyéndose desposeído, es víctima de constantes arrebatos de locura en los
que mata animales creyendo que son Odiseo (Ulises) o los atridas Agamenón y
Menelao, quienes han cedido las armas a Odiseo (Ulises). Hay intentos de
inducirle a la razón, pero Ayante se suicida. Menelao opta por prohibir que se
le den honras fúnebres, pero finalmente Teucro se las dará.
El gran temor de los troyanos tras la muerte de Aquileo (Aquiles) es Ayente, un
gran guerrero. Por lógica, Ayente considera que serán suyas las armas del
difunto Aquiles, per en un juicio, los atridas deciden darlas a Odiseo por lo
cual, infurecido y colérico, Ayante enloquece. Esta locura le lleva a asesinar
corderos y carneros creyendo que son sus enemigos, es la ingeniosa locura del
Quijote, de Orlando, que no entra en razón y cuando lo hace decide suicidarse.
La muerte no supone el final de la tragedia, sino que Ayente sigue siendo
protagonista aún muerto cuando Teucro se increpa con Menelao por dar honras fúnebres
al desposeído y grandioso Ayante. Es la tragedia del héroe viril y militar
frente al ingenioso y audaz Odiseo, este contraste supone un gran dramatismo.
Antígona (Αντιγόνη)
Muertos los dos hermanos de Antígona e hijos de Edipo, Etéocles y Polinices,
el rey Creonte, tío de ambos hermanos, publica un decreto por el cual se prohíbe
dar honras fúnebres a Polinices por haber muerto luchando contra su patria. Antígona
no puede permitir que su hermano sea abandona como pasto para los buitres y
decide enterrar a su hermano siendo consciente del castigo que por ello le
espera. Da honras fúnebres a su hermano y Creonte la condena a ser encerrada en
una tumba hasta que muera, pero ella se ahorca y más tarde y junto a ella, se
suicida Hemón, amante de Antígona e hijo de Creonte. La obra termina con el
parlamento de arrepentimiento de Creonte.
Antígona es un enfrentamiento de gran dramatismo constante entre dos
personajes: Antígona y Creonte. Una es defensora de la ley natural, amante de
su hermano al que debe dar honras fúnebres; el otro es defensor de las leyes de
la ciudad que, desobedecidas, debe suponer el castigo al que las ha
desobedecido. Antígona sufre un gran conflicto consigo misma, pues es
consciente de lo que le acarreará desobedecer las leyes de los hombres, sin
embargo, la ley natural y el amor fraternal, será más fuerte, siendo Antígona
un personaje verdaderamente noble y dramático. Cuando Antígona se ahorca y con
ella el hijo de Creonte, Hemón, Creonte se arrepiente de haber sido tan
inflexible y comprende la diferencia entre unas leyes y otras.
Las traquinias (Τραχίνιαι)
Después de muchos años fuera de su casa, Heracles (Hércules) regresa a su
casa. Su esposa Deyanira se entera de que Heracles (Hércules) va a casarse con
la joven Yole y presa de celos, decide enviar a su esposo la túnica del centuro
Neso, creyendo que al ponérsela, Heracles enloquecerá de amor por ella y ya no
deseará a otra mujer. Pero Deyanira está equivocada y no sabe que los poderes
de la túnica son otros, así que cuando heracles se la coloca, sufre grandes
males y dolores y maldice a su esposa Deyanira sin escuchar al hijo de ambos,
Hilo, que intenta a explicar al padre la intención benigna de la madre.
Deyanira se suicida y poco después muere Heracles.
Ya cincuentona y pasada su juvenil belleza, Deyanira intenta retener a su lado a
su esposo. Sin embargo su falta de inteligencia le llevará a entregar a
Heracles la túnica del centauro Neso creyendo que va untada en un filtro de
amor cuando en verdad aniquila a quien se la coloca. Hilo, hijo de ambos, se
encuentra en la difícil posición de hacer comprender al padre el error de la
madre y las buenas intenciones de ésta, sin embargo, ya nada es posible e
iracundo, Heracles maldice a Deyanira y se queja de dolores espantosos. El tema
de esta tragedia no es de la grandeza de otras tragedias de Sófocles, sino que
es el tema menor de los celos femeninos que tienen como consecuencia un fatal
error. Los parlamentos de Deyanira carecen de majestuosidad, pero es lo justo
para una mujer falta de inteligencia que carece de grandeza trágica y acarrea
la muerte del gran héroe
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Posiblemente
la tragedia griega de más repercusión, Edipo rey supone el punto más trágico
de la leyenda perteneciente al ciclo de Tebas.Para Aristóteles el arquetipo de tragedia griega y posiblemente
para las generaciones posteriores, Edipo rey es el conflicto del hombre bueno y
justo que vive orgulloso de lo suyo desconociendo su trágica y cruel verdad.
Edipo
y la esfinge
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Edipo
rey (Οιδίπους
τιράννος)
La peste asola la ciudad de Tebas en la que reina el rey Edipo. Un oráculo
advierte que sólo castigando al asesino del antiguo rey, Layo, la peste cesará
en su azote de la ciudad. El buen rey Edipo se dispone a investigar quién fue
el asesino de Layo. Las pesquisas llegan a una trágica conclusión: ¡El
asesino de Layo fue el mismo Edipo! Y aunque Edipo no sabía a quién mataba, el
caso es que lo hizo. Pero las indagaciones dan más de sí, Edipo, además,
también era hijo de Layo, aunque no lo sabía, y al acceder al trono se había
casado con la viuda de éste, Yocasta, y había tenido hijos con ella, luego
Edipo se había casado con su madre, tenido hijos con ella y asesinado a su
padre. Tras saberse parricida e incestuoso, Edipo se arranca los ojos e Yocasta
se suicida. Tras despedirse de sus hijos parte al destierro de la ciudad de
Tebas.
Aunque el conflicto trágico de Edipo nace de desobediencias del pasado, es él
quien las sufre. Pero Sófocles acierta en una cosa, en mostrarnos a un Edipo
bueno, un hombre justo y amante de su familia y de su reino, una buena persona.
Edipo era feliz en su ignorancia, hasta que la circunstancia de la peste sobre
Tebas y la advertencia del oráculo, llevarán al conocimiento de la verdad.
Habiendo sido un hombre feliz, ahora, Edipo, no es más que un parricida
incestuoso que no puede soportarse ni a sí mismo y que por ello se arranca los
ojos y grita desmesurado por la tristeza de su propia verdad y el destino de sus
hijos, sus propios hijos y a la vez sus propios hermanos. Sófocles se enfrenta
a las leyes mismas de la naturaleza abordando este asunto: Edipo ha infringido
todas y cada una de estas leyes pero, pero él no era consciente. Aún así, está
claro que su delito es más que monstruoso y el simple acometimiento del mismo,
voluntario o no, ha de ser castigado, para Edipo ya no existe solución humana
posible, no existe solución alguna. La fuerza dramática de la tragedia reside
en el contraste, increíble y maravilloso, del buen hombre Edipo, del justo
Edipo, el más monstruoso de los criminales. Edipo, protagonista absoluto de la
tragedia, jamás abandona la escena salvo cuando marcha a arrancar sus ojos que
no merecen ya más ver la luz del sol. Pero no sólo Edipo está presente en la
escena, sino que sobresale sobre todos los personajes, por sus increíbles
parlamentos y por su enorme fuerza dramática.
Edipo en Colono (Οιδίπους
επί Κολονω)
Edipo, ya viejo y ciego, llega a la ciudad de Colono guiado por sus dos hijas,
Antígona e Ismene. En Colono el rey Teseo les recibe amigablemente y ofrece su
ayuda a Edipo, cuando llega la noticia de la guerra entre los dos hermanos Etéocles
y Polinices por la ciudad de Tebas. Ambos son hijos de Edipo. Un oráculo ha
anunciado que conseguirá la victoria aquél hacia el cual se incline la razón
de Edipo y es por esto que hasta Colono viajan Creonte, defensor de Etéocles, y
Polinices. Edipo maldice a ambos hijos, que le habían desterrado de Tebas, y es
protegido por Teseo. Poco después muere.
Ésta es la última tragedia que escribiera Sófocles a la edad de noventa y
cuatro años, la estrenaría su nieto años más tarde. La tragedia consiste en
un episodio del ciclo tebano inserto entre la acción desarrollada en
Edipo
rey
y la
desarrollada en
Antígona. Supone un
excelente episodio sobre la guerra
dialéctica y las intenciones de Creonte (defensor de Etéocles) y Polinices. En
mano de Edipo está el decantarse por alguno de sus hijos, sin embargo, optará
por ninguno, y los maldecirá a ambos. En un momento de la tragedia, cuando
Polinices ruega a su padre Edipo, éste le maldice y Antígona escucha tal
parlamento, lo que hace pensar en la posterior heroicidad de Antígona al querer
dar sepultura a su hermano. En Edipo en Colono, la vejez es un tema constante -
recuérdese que Sófocles ya tenía 94 años - y además aparecen todos y cada
uno de los sufrimientos: la discordia, la muerte, la guerra, la vejez el
destierro... pero todos ellos se agrupan en uno solo: la vejez de Edipo. Es una
obra de especial perfección, de ritmo intenso, de lirismo radiante, de
parlamentos increíbles, de acción constante. Cabría mencionar el elogio de
Colono, pues fue ésta la ciudad natal del poeta Sófocles.
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