Poesía religiosa.

 


Pruébame, Señor, con la humillación:

pruébame teniendo que bajar de la cima al valle.

Pruébame, Señor, con la ingratitud:

pruébame recibiendo hiel donde di amor.


Pruébame, Señor, con la desventura:

pruébame con cerco de espinos

a cambio de jardines de amor y antorchas de triunfos.

Pruébame, Señor, con el dolor.


Pruébame, Señor, con cada una de estas cosas o

con todas a la vez; mas no me pruebes en la fe.

Ciérrame las ventanas al mundo;

mas déjame abierto siempre el postigo a Tu Luz.

Con ella me basta.

Ella eres Tú.


Contigo la humillación se me hace gloria;

la ingratitud, recompensa; la desilusión, esperanza;

la desventura, felicidad; el dolor, gozo.

No me pruebes, Señor, ocultándote.

Sólo de pensarlo me pruebas.

Dejar de amarte después de conocerte

es mas tristemente espantoso que no haberte conocido.




No me mueve, mi Dios, para quererte

El cielo que me tienes prometido

Ni me mueve el infierno tan temido

Para dejar por ello de ofenderte.


Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

Clavado en una cruz y escarnecido.

Muéveme ver tu cuerpo tan herido.

Muévenme tus afrentas y tu muerte.


Muéveme en fin tu amor de tal manera,

Que aunque no hubiera cielo yo te amara,

Y aunque no hubiera infierno te temiera.


No me tienes que dar porque te quiera.

Pues si aunque lo que espero no esperara.

Lo mismo que te quiero te quisiera.

(Atribuido a Lope de Vega)


PAGINA SIGUIENTE


Home | Agronomía | Buscadores | Direcciones | ETSIA | Librerías

Música | Personajes | Poesía | Trabajo | Tango | Viajes

TOP

GRACIAS POR SU VISITA

Bandera