TRABAJOS DE LOS ALUMNOS

Disciplina: BIOÉTICA

Título del Trabajo: SUSAN

Trabajo de clase. 2º Premio en el Concurso de Composición Filosófica.

Autora: Beatríz Navarro Pozo. 1º de Bachillerato E

  • I.E.S. Isla Verde.

  • Curso 2002-2003.

susan

24-5-2035

Hola.

Me llamo Susan y tengo 32 años, aunque no los aparente.

Padezco de parkinson, de artritis, de una grave afección pulmonar, de una severa dolencia del corazón y de leucemia, aparte de otras afecciones o enfermedades que comúnmente son debidas a la degeneración o envejecimiento del individuo.

No viviré mucho tiempo, eso es evidente.

Con un poco de suerte quizás llegue a los 33 años, pero lo dudo mucho, a pesar de todos los cuidados médicos de que he sido rodeada desde el momento en que nací, si a la forma mediante a la cual vine al mundo se le puede llamar nacimiento.

 

Bueno, quizás porque siento que moriré dentro de muy poco, me he decidido a contar mi historia, para que el mundo sepa de una vez por todas cuál es la realidad: que manipulan nuestras vidas, jugando con nosotros cual míseros ratoncillos de laboratorio; y para que todos sepan, de una vez por todas, lo desgraciada que puede llegar a ser una persona privada del derecho a su propia vida, cuya creación y existencia es un simple experimento, atacando así los principios morales y éticos de nuestra sociedad…

¿Pero que sociedad? ¡Si yo nunca he llegado a formar parte de ella!

 

Me obligaron a llegar al mundo en el año 2003.

¿Dónde nací? No he llegado a averiguarlo, y no creo que lo consiga, aunque eso es lo de menos.

Nunca he llegado a conocer a mi madre, aunque todavía no estoy muy segura de poder considerar a alguna mujer como madre de un experimento.

No lo sé, y es muy triste.

Padre si he tenido, aquel que me creó; por lo menos así llamé a ese hombre durante mis primeros años, llamándome él a mi hija suya, aunque ahora he razonado y he llegado a la conclusión de que todos los científicos llaman hija suya a una creación con éxito…

Aunque todavía guardo la esperanza de haber recibido su cariño por algo más que por ser su éxito personal.

Mi nacimiento se produjo en el más absoluto de los secretos, en un laboratorio de alguna potencia económica e industrial, rodeada de frías luces blancas y muchas batas de médicos.

Soy el primer y único ser humano clonado.

 

Soy un delito.

La creación de vida humana a través de la clonación fue duramente prohibida en el mundo, en el año 1997 por considerarse un grave ataque a los Derechos Humanos.

Tal y como se dijo en la Asamblea Mundial de Salud:

            “La utilización de la clonación para reproducir seres humanos no es aceptable en el plano ético y es contraria a la integridad de la persona humana y a la moral”

No sabían cuánta razón llevaban…

Aún así, fue permitida la creación de organismos humanos en fase embrional de desarrollo para su aplicación en una nueva técnica biotecnológica llamada “ingeniería de tejidos” la cual consiste en implantar células capaces de ploriferar y generar tejidos para “reparar” tejidos u órganos degenerados en un individuo adulto y así poder reparar y curar enfermedades graves como la leucemia.

Pero esto no es excusa para crear vida humana en un laboratorio, ya que estas células se pueden encontrar en la sangre del cordón umbilical de los recién nacidos o en el saco vitelino o incluso en el hígado del recién nacido.

Pero la ambición de la ciencia lo puede todo.

 

Ahí fue cuando yo llegué al mundo.

En uno de esos laboratorios donde se clonaban embriones para aplicarlos a la medicina, un grupo de científicos, avivados por el afán de superación, decidieron continuar adelante con la creación de uno de esos embriones, hasta el momento del nacimiento de un ser humano.

No sabían las consecuencias que podía acarrear el jugar a ser Dios.

Por supuesto, todo se mantuvo en secreto, y fui gestada por una mujer que pensaba haber sido fecundada “in vitro”.

Pobrecilla.

Cuando nací, le dijeron que había muerto y fui llevada a un laboratorio especial en el que me hicieron muchísimas pruebas.

Nunca he sabido quién fue la mujer que me llevó en su vientre.

 

Cuando crecí un poco y entré en edad de aprendizaje, recuerdo que tenía una especie de “profesor particular” que me enseñaba a leer y a escribir como cualquier niño normal, pero mientras, estaba enchufada a un sinfín de extraños aparatos que medían mi actividad cerebral.

Ahora me pregunto si esperaban algo anormal en mi, como un retraso o quizás una mente extraordinaria.

 

Nunca pude jugar con otros niños, ni siquiera sabía que existían. Para mí, el mundo sólo estaba compuesto de mi pequeña “familia” de hombres y mujeres con batas blancas y extraños experimentos con máquinas y cables.

Ni siquiera imaginaba que pudiese existir algo más allá de las habitaciones y pasillos con luz blanquísima en los cuales pasé mis primeros años.

 

Cuando cumplí 5 años, mi “padre” me regaló un muñeco. Era un peluche, una ovejita a la que todos llamaban Dolly. Ahora que sé quién fue Dolly; me da que pensar: una oveja clonada para una niña clonada…

 

Un día oí una discusión entre mi “padre” y uno de los hombres con batas blancas. En aquel momento no entendí nada de sus extrañas palabras, ahora sé que se referían a mi.

Mi “padre” decía que era un avance prodigioso para la humanidad, que gracias al descubrimiento se podrían evitar muchos problemas como las enfermedades de contagio por vía sexual o por vía madre-hijo durante el embarazo y que se podrían crear infinitos números de individuos para determinados fines, como investigar enfermedades o utilizarlos para defender el país.

El otro hombre le llamó loco, dijo que estaba desvariando, que el no pensaba seguir formando parte de su locura.

Acto seguido de marchó y nunca más le volví a ver.

Después de su marcha, fue cuando las cosas comenzaron a cambiar.

 

Un día irrumpieron en mi pequeño mundo unos extraños hombres a los que nunca había visto.

Mi “padre” me cogió en brazos horrorizado, mientas el resto del equipo que constituía mi pequeña “familia” corría por todos lados intentando huir.

No sé que sucedió con ellos.

Lo último que recuerdo es a mi “padre” corriendo conmigo en brazos que decía: ¡No permitiré que me la arrebatéis! ¡Es obra mía!. Luego una caída y un golpe seco y todo se hizo oscuro.

 

Desperté en un lugar completamente asombroso, era una pequeña casita en el campo, con un riachuelo y muchos árboles. Me sentía abrumada, oía el sonido de los pájaros y del agua corriendo entre las piedras, e incluso la brisa pasar entre las hojas. Todo olía diferente, todo era diferente, incluso la luz, que era cálida y acogedora. Entonces salí de la cabaña.

Quedé boquiabierta al ver los árboles, los animalillos, el río y sobre todo el cielo, azul y límpido.

Ahí fuera había también dos personas, un hombre y una mujer, que al verme salir se me acercaron lentamente y al llegar a mi me abrazaron.

Yo me eché a llorar, no sabía porqué exactamente.

“Calma, calma pequeña, todo esta bien ahora.” me susurraba la mujer.

Cuando lograron que dejase de llorar, me dieron de comer y beber y luego fuimos a dar un paseo a la orilla del riachuelo, observando y contándome bellas historias sobre la naturaleza, todas las cosas de las que mi “familia” nunca me habló. “¿porqué?” Me preguntaba yo.

Pasamos así unas cuantas semanas, las cuales fueron, sin duda, las más felices de mi vida.

Hasta que un día, mis nuevos padres me dijeron que tenían que decirme algo.

Me explicaron qué era y cómo había nacido, porqué nunca había visto a otras personas y porqué me sacaron de mi “hogar” de aquella manera: Mi nacimiento era un delito, y una vez que el gobierno lo descubrió, decidió darme la vida más feliz posible.

Yo me eché a llorar de nuevo, abrazando a mi ovejita de peluche, inconsciente del verdadero significado de lo que me acababa de ser revelado, únicamente preocupada por el hecho de no volver a ver nunca más a aquel que para mí había sido lo más parecido a un padre todos estos años.

 

Durante un largo período de años, viví en aquella casita, con la pareja que me había adoptado.

Fui muy feliz con ellos, me hicieron mucho bien, jugaba, cantaba y aprendía muchas cosas, por primera vez parecía una niña normal.

De vez en cuando unos médicos me hacía muchas pruebas en un laboratorio restringido del gobierno al que me llevaban en un coche. Pasaba allí un día o dos, y luego volvía a la casita con mis nuevos padres.

Hasta que un día no salí del laboratorio.

Comenzaba a estar muy enferma y necesitaba muchos cuidados.

Pasaba mucho tiempo encerrada en una habitación, conectada a aparatos que me mantenían con vida.

Para matar el tiempo, comencé a leer revistas, a ver reportajes televisivos, a conocer la vida en sociedad de la cual había sido injustamente arrebatada y a investigar sobre la ciencia y sus avances, en especial sobre artículos de opinión ética y moral acerca de  la clonación humana, y al fin, quizás demasiado tarde, me di cuenta de lo que realmente significaba todo aquello.

Ahora, con 32 años de edad y degeneración propia de una persona de 70 años, he decidido que mi historia sea conocida.

Porque ¿Cómo se le puede arrebatar así el DERECHO A VIVIR LA VIDA a un ser humano?

 

Espero que la sociedad comprenda lo que mi historia significa: una vida privada de sentido propio. Un ser humano tratado como un ratoncillo de laboratorio.

 

Ahora espero que aquellas personas ambiciosas como las que fueron capaces de crearme y destruirme a la vez, se den cuenta de que es inmoral y sumamente inhumano jugar con la vida de las personas.

Por favor, no juguéis mas a ser Dios.

  

Susan.